En la Raya

Sergio Torres o la impunidad

*cuestionar o denostar

En las circunstancias actuales que enfrenta Sergio Torres, expresidente estatal de Movimiento Ciudadano en Sinaloa, resulta profundamente inapropiado y hasta inmoral polemizar sobre su desempeño político cuando su salud se encuentra gravemente comprometida. La lucha por recuperar su vida no solo es un tema delicado, sino que también exige respeto y empatía por parte de todos, incluyendo sus compañeros de militancia y adversarios políticos. En este contexto, no comprendo ni comparto la decisión tomada por Movimiento Ciudadano de sustituirlo del cargo sin mostrar la mínima consideración hacia su estado de salud. Se pudo haber optado por nombrar un encargado provisional durante el tiempo necesario, una medida prudente y respetuosa que beneficiaría a Sergio Torres, a su familia y a la propia militancia de su partido.

Hasta el momento en que fue víctima del ataque que cambió su vida, Sergio Torres se había consolidado como un líder indiscutible dentro de la élite política sinaloense. Su trayectoria y compromiso lo distinguen sobremanera, y resulta injusto que su actual situación se utilice como pretexto para abrir una discusión vacía y de mal gusto sobre su legado. La política debe ser un espacio de respeto a quienes han dado mucho por ella, y en este caso, ese respeto debería prevalecer por encima de intereses personales o coyunturales.

Con Sergio Torres fuera de la dirigencia y bajo la conducción cuestionable de quienes manipulan al nuevo dirigente, Sergio «el Pío» Esquer, Movimiento Ciudadano en Sinaloa no solo pierde un referente clave, sino que también pone en riesgo su posicionamiento de cara al próximo proceso electoral. El protagonismo desmedido exhibido por algunos en estos momentos refleja una falta de sensibilidad y entendimiento de la verdadera dimensión del liderazgo que representa Sergio. En todas las trincheras en las que ha participado, se ha destacado no como uno más, sino como un actor político de primera línea, con una trayectoria marcada por el compromiso y la eficacia.

Negar o minimizar el valor de un político de su talla, independientemente del cargo que ocupe en un momento dado, es un error frecuente pero igualmente grave. Este tipo de desaires suelen estar motivados más por cálculos mediáticos o intereses particulares que por un análisis objetivo y justo. Sergio Torres merece el reconocimiento y el respeto que ha ganado a pulso, y ese mismo respeto debe extenderse a la forma en que se le debe tratar, especialmente en momentos de vulnerabilidad.

El canibalismo político y la rapiña son malezas dañinas que deberían erradicarse de la noble labor política, especialmente cuando esta se ejerce con auténtica vocación de servicio y deseo genuino de aportar a la sociedad. No podemos permitir que oportunistas o intereses mezquinos empañen la trayectoria de quienes han trabajado con dedicación y honestidad.

El proceso de convalecencia que atraviesa Sergio Torres es de tal magnitud que, lamentablemente, su regreso a la vida política inmediata parece improbable. Por ello, cualquier debate público sobre su calidad como ser humano y servidor público resulta no solo inoportuno, sino también doloroso para él, su familia y sus amigos, quienes luchan día con día por su recuperación.

Finalmente, debe reconocerse la importancia de una pluralidad política que fomente un debate intenso, constructivo y respetuoso. Solo así podrá construirse una sociedad más democrática, con gobiernos realmente responsables, comprometidos y eficaces. Ese debería ser nuestro mayor anhelo y el mejor mensaje de apoyo para quien hoy nos inspira a no rendirnos ante la adversidad. Ánimo, Sergio.