Memo Romero: ¿El «Suspirante» que jura por el Osito Bimbo?
Si algo tiene el puerto de Mazatlán, además de un malecón eterno y aguachile del bueno, es la capacidad de producir personajes que dicen «no» cuando todos sabemos que es un «¡arre Lulú!». El caso de Guillermo «Memo» Romero ya raya en lo místico. El hombre jura, perjura y casi pone las manos al fuego (bueno, al menos sobre una charola de mariscos) asegurando que el 2027 no está en su radar. Dice que ni lo miren, que él está en lo suyo, en la filantropía y los negocios.
Me recuerda al chiste de la señora que gritaba por un exhibicionista en su casa; el policía no veía nada hasta que la doñita le soltó: «¡Póngase los lentes y súbase a la escalera, oficial, verá que desde allá arriba se le ve todo!». Así Memo: dice que no está, pero si te subes a la escalera del análisis político, lo ves de cuerpo entero, calificado y listo para el baile.
Seamos serios: en su debut, Memo se aventó la nada despreciable cifra de alrededor de 85 mil votos, para cualquier «político de carrera» que lleva años gastándose la suela y el presupuesto, eso es un insulto a su ego; para Romero, fue solo el calentamiento. Con una trayectoria limpia (cosa rara en estos tiempos donde hasta los santos deben facturas) y una labor altruista que ya quisieran muchos candidatos con sotana, Memo es el «soltero más codiciado» de la política sinaloense.
No es solo que tenga los votos; es que tiene la frescura. Mientras otros llegan al 2027 con reumas políticas y oliendo a naftalina partidista, Memo se pasea con el aura del empresario que sabe que, en esta vida, el que no arriesga no gana… y él ya sabe ganar.
¿Morena con artritis y el PAN con «parientes»?
Mientras en Morena ya empezaron a sacarse los ojos -y apenas estamos en el aperitivo-, la división interna los trae con dolores de articulaciones que ni el mejor ungüento les quita. Van a llegar a la elección rodeados de «víboras prietas y tepocatas» (como diría el clásico), peleándose por una silla.
Y por si fuera poco, se nos aparece en el puerto Jorge Romero Herrera, el mero mero del PAN nacional. Se citaron en el Hotel Varali -el nuevo Vaticano de la política porteña- y, ¡oh, casualidad!, ahí andaba Memo. El dirigente albiazul se aventó la joya de que tiene raíces sinaloenses y mazatlecas ¡Vaya, hombre! A este paso, solo falta que Jorge y Memo resulten primos segundos y se repartan el árbol genealógico frente a una Pacífico bien helada.
Al final del día, lo que tiene a los analistas con el ojo cuadrado es la fórmula Romero: Empresario exitoso + Filántropo patasalada + Palabra de honor, en un mundo donde los políticos cambian de opinión más rápido que el clima en el faro, Memo tiene lo que a todos les falta: Un gran valor a la palabra empañada.
¿Será por el PAN, por el PRI, por MC o por la vía de «aquí mando yo»? La realidad es que pongan a Memo donde lo pongan, el hombre es un platillo electoral suculento. Así que, mi querido Memo, puedes seguir jurando por el Osito Bimbo, pero recuerda que el pan siempre se hornea… y el tuyo ya huele a victoria.
